Doctor, tengo un familiar enfermo en casa con CoronaVirus; ¿cómo debo cuidarme yo como cuidador?

En la misma serie de noticias sobre Cuidados alrededor de la infección por SARS-CoV2, que desde luego es un pequeño matón al que venceremos (ya vamos dando pasos en el posible tratamiento, como ya contamos en https://www.neyro.com/2020/04/10/un-conocido-farmaco-antiparasitario-inhibe-la-replicacion-de-sars-cov2-in-vitro/), nos toca ahora responder a la pregunta que aparece en etítulo. Y ¿cómo se cuida al cuidador del paciente en casa?

Empecemos por las manos del cuidador; ¿cuándo necesitamos estar atento a ellas? Las manos se deben lavar y desinfectar en las siguientes situaciones:

  1. Después de cualquier contacto con el paciente.
  2. Antes de salir de la habitación o de la casa del paciente.
  3. Antes y después de cada comida.
  4. Después de utilizar el retrete, para cualquier necesidad (pequeña  mayor, por supuesto).
  5. Después de entrar a la casa desde afuera y aunque se hayan llevado las manos con guantes.

No necesitamos ni héroes ni kamikazes al cuidado de un enfermo, por lo que  debe evitarse el contacto directo con las secreciones o las evacuaciones del paciente, sobre todo secreciones orales o respiratorias; además, debe evitarse el contacto directo con las heces del paciente. Se deben utilizar guantes desechables de doble capa cuando:

1) se manejen heces u orina del paciente;
2) se proporcione atención oral y respiratoria, y
3) se limpie la habitación del paciente. Se han de lavar las manos antes de colocarse los guantes y después de quitárselos.
Las prendas de vestir, ropa de cama, toallas de baño, toallas y otros artículos del paciente, pueden lavarse con detergente común y agua, o en lavadora a una temperatura de 60 °C a 90 °C con detergente doméstico común. No hay que sacudir la ropa de cama contaminada antes de lavarla; debe colocarla directamente en una bolsa de lavandería y evitar el contacto directo.

Colocar los desechos generales generados por el paciente en bolsas de basura cerradas; reemplazar estas con frecuencia y no movilizarlas en exceso para evitar los riesgos de rotura o desgarros.

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