Creciente importancia de la microbioma y la salud vaginal

¿Qué son exactamente los probióticos vaginales?

El concepto de probiótico aparece a principios del siglo XX; de hecho, ya el médico ruso Elie Metchnikoff (Ilya Ilyich Mechnikov) que luego sería Nobel de Medicina compartido con Paul Ehrlich en 1908, recomendaba una dieta con leche fermentada con “bacilli” que producían gran cantidad de  ácido láctico a sus pacientes para favorecer su longevidad.

Recientemente ese concepto ha sido definido por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y los Alimentos (FAO) y por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como el conjunto de “microrganismos vivos que, administrados en la cantidad adecuada, aportan un beneficio a la salud del huésped” y ambas organizaciones han publicado conjuntamente unas directrices para la evaluación de los probióticos en las que se especifican los estándares que deben cumplir para disponer de la calidad y la fiabilidad adecuadas que permitan su prescripción y/o recomendación médica y/o farmacológica.

¿Qué beneficios aportan a la mujer?

La vagina está colonizada por microrganismos (bacterias y hongos) que forman la flora vaginal normal o (más modernamente llamada) microbiota. El recuento de bacterias ronda los 100.000 por ml. Dicho recuento está constituido por distintas especies aerobias y anaerobias, entre las que también está, la llamada flora láctica  que mantiene un pH vaginal entre 4 y 5, debido a la producción de ácido láctico como consecuencia del consumo y de la fermentación de carbohidratos, fundamentalmente de glucógeno.

 Todo ello mantiene estable la salud vaginal en la medida de que esa acidez (entre otros mecanismos variados) impide la colonización por gérmenes oportunistas o el sobrecrecimiento de gérmenes habituales pero potencialmente causantes de vaginitis.

¿En qué situaciones están especialmente indicados?

            En práctica clínica diaria ante una infección vaginal o vaginitis se prescribe habitualmente un antibiótico o anti-fúngico como tratamiento (dependiendo de cuál sea el germen causal encontrado), pero en general no repoblamos la microbiota vaginal para devolver el equilibrio perdido probablemente por la propia infección o por la propia terapia; de hecho, aún no está claramente dilucidado si la mayoría de las infecciones vaginales son la causa o la consecuencia de la alteración de la microbiota vaginal. Cada vez se tiende más a pensar que la inmensa mayoría de las vaginitis son la consecuencia de la alteración de la microbiota, como ya indicaron Sobel, JD y Chaim, W.en una publicación suya de del ya lejano 1996.

¿Cómo se utilizan ¿En qué formato se presentan?

Los probióticos se presentan como una nueva terapia coadyuvante en infecciones vaginales utilizados hasta ahora solo por el 25% de los ginecólogos en las pacientes con más de 4 episodios de vaginitis anuales. Teniendo en cuenta que el 75% de las mujeres experimenta por lo menos una vaginitis a lo largo de su vida y que más del 50% repiten el episodio entre 2 y 4 veces en un año, tenemos en esta nueva terapia una opción válida de terapia como coadyuvante tras el tratamiento anti-infeccioso elegido. Hay una evidencia científica importante, fundamentalmente en disminución de recidivas sobre todo en vaginosis bacteriana. El empleo de antibióticos de amplio espectro muy potentes, elimina en general no solo los gérmenes causantes de la infección sino, lamentablemente, la microbiota que podría evitar nuevas recidivas; de ahí su importancia y el interés en reponer esa flora mediante el empleo de los probióticos.

Además, por otro lado, la utilización de probióticos en vaginitis abre un campo de investigación actual con especies muy comunes en la microbiota vaginal como lo son Lactobacillus gasseri o Lactobacillus rhamnosus. Debe tenerse en cuenta que no todas las bacterias probióticas son iguales, y los efectos producidos en la salud dependerán de sus características específicas, género, especie y cepa, como queda reflejado en una reciente publicación de Cancelo, MJ, Neyro, JL y Baquero JL, que recogía el acuerdo de más de 123 ginecólogos españoles, expertos en estos temas, interrogados en una investigación cualitativa mediante el método Delphi.

El artículo original de la revista Progresos de Obstetricia y Ginecología (órgano oficial de comunicación científica de la SEGO-Sociedad española de Ginecología y Obstetricia) del inicio de 2014, puede leerse en el enlace http://apps.elsevier.es/watermark/ctl_servlet?_f=10&pident_articulo=90265974&pident_usuario=0&pcontactid=&pident_revista=151&ty=33&accion=L&origen=zonadelectura&web=www.elsevier.es&lan=es&fichero=151v57n01a90265974pdf001.pdf

Se presentan en forma de cápsulas con los probióticos vivos pero liofilizados (proceso consistente en deshidratación en frío que permite su conservación a temperatura ambiente, sin necesidad de mantenimiento de cadena de frío estricta) o bien incluídos en tampones recolectores de fluidos menstruales, con diferente capacidad de absorción como cualquier tampón al uso (mini, regular o super). El contacto de las cápsulas o los tampones con la humedad y la temperatura vaginal, hace que los probióticos “revivan” y comiencen a realizar su trabajo de recolonización vaginal.

¿Es mejor tomar probióticos por vía vaginal que por vía oral?

            Las infecciones vulvo-vaginales representan un problema relevante en la salud de la mujer. Los tratamientos convencionales y las pautas establecidas han variado escasamente en los últimos años. Recientemente se han introducido como preventivos y coadyuvantes al tratamiento, los probióticos tanto de administración vaginal como oral, ofreciendo una alternativa innovadora en el abordaje de estas patologías. La vía oral ha demostrado sus funciones y eficacia en el control de determinadas diarreas infantiles y otras enfermedades intestinales. 

            Sin embargo, para las vaginitis o vaginosis. si se administran vía oral, la dosis ha de ser extremadamente más elevada que si se administran por vía vaginal, pues por aquella han de soportar y vencer los filtros gástrico y biliar (con su elevada agresividad contra la microbiota administrada) y finalmente han de llegar hasta el colon, colonizarlo y solo por contigüidad alcanzar la vagina desde el recto. Resulta mucho más sencillo y eficiente administrarlos por vía vaginal directamente; solo se necesitan así 108 UFC (unidades formadores de colonias) por esta vía baja y a todas luces es más cómodo para la paciente. Lo explicábamos con detalle también en el link http://www.neyro.com/2014/01/12/papel-de-los-probioticos-vaginales-en-la-vaginitis-de-repeticion/

¿Qué beneficios aporta la utilización de tampones en el marco del tratamiento de la vulgovaginitis?

            Tradicionalmente, los ginecólogos estamos acostumbrados a sugerir a nuestras pacientes detener los tratamientos por vía vaginal con la llegada de la menstruación para continuarlos tras ella. Sabemos, por otro lado, que la regla y sus cambios locales favorecen el desequilibrio de la microbiota como en ningún otro momento del ciclo, por el sobre-crecimiento de gérmenes contaminantes habituales de la propia vagina que pueden ocasionar el desequilibrio previo a una nueva vaginitis; muchas mujeres refieren que precisamente reverdece su clínica de prurito, de picores y malestares en general, precisamente tras la regla.

            Por estas razones, disponer de un protector menstrual como los tampones embebidos o impregnados en probióticos resulta claramente estimulante para romper el viejo paradigma de la suspensión temporal de los tratamientos de las vaginitis durante la regla. Por otro lado, que los probióticos de los tampones estén liofilizados permite a la mujer una conservación de aquellos sencilla, en el mismo cajón donde puede almacenar en su domicilio otros protectores sin mayor preocupación ni cuidados especiales.

A nivel general ¿cuál es su visión de la utilización de tampones?

            Extremadamente positiva porque faculta la posibilidad de mantener un tratamiento repoblador de la microbiota vaginal, precisamente durante los días del ciclo, la menstruación, en los que más fácil es el desequilibrio de la microbiota y más frecuente es la recidiva de las vaginitis y las vaginosis.

            Es un éxito más de la moderna farmacopea actual, pues era paradigmático interrumpir los tratamientos precisamente en los días de la menstruación. Tenemos evidencias científicas suficientes incluso desde 1992, que demuestran que su empleo es altamente eficaz y perfectamente aceptado por las mujeres participantes en los ensayos clínicos en los que estos protectores fueron testados.

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