Cuando el parto domiciliario comienza a contemplarse como opción sin considerar sus riesgos reales.

Lo reconozco desde el principio; este es un tema que no está exento de cierta controversia pero, también es justo reconocerlo, esa controversia solo aparece en determinadas secciones de nuestra sociedad familiarizadas con lo alternativo o lo pretendidamente «natural». Y lo decimos de entrada sin medias tintas, asumiendo que «natural» de ninguna manera es sinónimo de «bueno» o definitivamente y siempre mejor que lo «antinatural».

Veamos, «natural» es el cáncer y definitivamente antinatural la quimioterapia y algunos de aquéllos (muchos…) precisan de esta para su resolución. «Natural» es la infección por Streptococo y «antinatural» inyectar perforando una vena un producto originado por la degradación metabólica de un hongo que parasita el queso mohoso y se llama Penicilina y ha salvado centenares (millones=) de vidas en el último siglo.

«Natural» es igualmente la infección por virus del Papiloma Humano fruto de unas saludables y «naturales» relaciones sexuales entre humanos y «antinatural» es inyectar repetidamente y hasta tres veces en un semestre un producto tecnológico concebido para estimular el sistema inmune de manera «antinatural» y le llamamos vacuna y salva centenares de miles de vidas en todo el mundo (ver en https://www.neyro.com/2020/10/09/cuantos-casos-de-cancer-de-cuello-en-la-vida-real-se-evitan-vacunando-a-las-mujeres-contra-el-virus-del-papiloma-humano/)
En un pasaje de «El Médico», magnífica novela del escritor estadounidense Noah Gordon publicada en 1986 (cuya lectura recomiendo a mis seguidores en este blog…), se describe con detalle el «natural» y llamado «mal de costado» que era la forma «natural» de morirse para los supervivientes al primer año de vida (tan dramáticamente lleno de muertos en la antigüedad y hasta bien entrado el siglo XX) y para los que no se morían en las guerras o en las pestilenciales consecutivas a ella. Definitivamente «antinatural»  es, sin embargo, permitir que un desconocido, y embozado además, te abra con sus manos el abdomen y te arranque literalmente un trocillo de intestino y luego te lo cierre todo (la tripa incluso) con una sutura con hilo hecho con intestino de gato (hasta hace apenas cuarenta o menos años….) y le llamamos modernamente «apendicectomía» y salva vidas a diario impidiendo las (numerosísimas) muertes de la antigüedad por el famoso «cólico miserere»…
En fin, podríamos seguir hasta el infinito describiendo hasta qué punto la medicina desde siempre se ha opuesto con más o menos acierto al devenir «natural» de las cosas y los acontecimientos. Vaya por tanto mi alianza del lado de todo aquello «antinatural» que restituya la salud perdida, que mejore la expectativa de vida del niño nacido en las peores condiciones, de todos aquellos que vivan en condiciones higiénicas en las que la «antinatural» cloración de las aguas para consumo humano y la canalización («antinatural» también) de las aguas fecales, permitan una mejora social de las condiciones de vida de las poblaciones…
Pues bien, sentadas así las bases de esa pretendida polémica, es cuando aparece el moderno y «natural» parto domiciliario. No decimos ambulatorio (ver en https://www.neyro.com/2015/05/04/la-revista-hola-entrevista-al-doctor-neyro-en-relacion-al-parto-ambulatorio-de-la-duquesa-de-cambridge/) sino domiciliario, en la casa de la propia parturienta. El parto extrahospitalario es ciertamente un tema controvertido que genera dudas a obstetras y pediatras sobre su seguridad.
Y es que el nacimiento hospitalario ha sido un factor fundamental en la reducción de la mortalidad materna y neonatal. Solo por citar algún dato estadístico, hasta bien entrado el siglo XX, la mortalidad perinatal era aproximadamente del 200/1000; es decir morían aproximadamente 200 niños de cada 1000 nacidos durante los primeros 7 días de vida… Hoy, en cualquier maternidad del primer mundo esa cifra no suele superar el 5.5/1000.

Esta tremenda reducción en la mortalidad ha hecho que el embarazo y el parto se vean como procesos seguros, lo que, unido a una mayor conciencia social de la necesidad de humanización, ha conducido a un aumento en la demanda del parto domiciliario. Como que siempre sale bien (o casi siempre…), ¿por qué no conseguir que ese nacimiento se convierta en un acontecimiento realmente familiar al margen de la tecnificación que me ofrecen (o a que me obligan) en la asistencia sanitaria convencional?

Estos pormenores se han debatido en una reciente publicación española (otra más…) que con el título «Parto domiciliario: un fenómeno creciente con potenciales riesgos» han firmado Sánchez-Redondo MD, Cernada Mentre otros y está al alcance del lector interesado en el enlace siguiente de la revista Anales de Pediatría del pasado octubre de 2020 (leer en https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S169540332030151X); la imagen de la portada a continuación.

Estudios en países como Australia, Holanda y Reino Unido muestran que el parto en casa puede aportar ventajas para la madre y el recién nacido (véase la tabla de arriba extraída de la propia publicación), pero es necesario que se dote de los suficientes medios materiales, que sea atendido por profesionales formados y acreditados, y que se encuentre perfectamente coordinado con las unidades de obstetricia y neonatología hospitalarias, para poder garantizar su seguridad.
Seamos sinceros, a fuerza de reconocer la verdad y de ponernos en el contexto de la actual realidad española en cualquiera de sus 505.000 Km2, en nuestro medio, no hay suficientes datos de seguridad ni evidencia científica que avalen el parto domiciliario en la actualidad. Así de sencillo, así de sintético, así de definitivo. No se me argumente sobre la actual existencia de doulas para el acompañamiento porque sobre el tema ya debatimos en este mismo blog en https://www.neyro.com/2015/03/09/las-doulas-carecen-de-cualquier-capacitacion-cientifica/ . En la imagen la carátula de la publicación comentada.
Acaso en una sociedad española más culta, más preparada, con mejores medios, con otra asistencia sanitaria (hoy impensable), con otras medidas de seguridad en los traslados inmediatos…, acaso en otro mundo…; hoy, en España, al comienzo de este prometedor 2021…, todavía es sencillamente inviable. 
Optemos de momento por humanizar más nuestros modos de asistencia (en relación con lo que ya contábamos hace tiempo en https://www.neyro.com/2015/12/18/la-administracion-sanitaria-reconoce-la-necesidad-de-re-humanizar-la-asistencia-medica/) y elijamos un parto hospitalario con todos los medios técnicos necesarios a disposición de cada contingencia, pero en los que el comando del mismo corresponda a la paciente, a la parturienta que presida así todas las decisiones a tomar en un «parto respetuoso»; por él sí estamos, ahora y desde hace ya cuarenta años….

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