Ventajas del consumo de pescado para el desarrollo prenatal que pueden contrarrestar los riesgos del mercurio

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Es bien conocido que la nutrición materna es básica para el futuro de la descendencia y que incluso la obesidad de la madre puede incrementar los riesgos malformativos en la nueva criatura (ver en http://www.neyro.com/2014/11/10/la-obesidad-en-el-embarazo-incrementa-el-riesgo-de-anomalias-de-rinon-y-de-las-vias-urinarias/)

Ahora se descubren nuevos hallazgos de una investigación realizada en Seychelles que proporcionan más evidencia de que . De hecho, el nuevo estudio, que aparece en American Journal of Clinical Nutrition, parece indicar que los nutrimentos que contiene el pescado tienen propiedades que protegen al cerebro de los posibles efectos tóxicos del elemento químico.

Éramos conocedores de que la nutrición durante el embarazo mal orientada o deficiente era capaz incluso de “transmitirse” a la herencia a través de los espermatozoides de la descendencia masculina (puede leerse enhttp://www.neyro.com/2014/07/28/una-nutricion-deficiente-heredada-durante-el-embarazo-se-transmite-a-traves-de-los-espermatozoides-de-los-nacidos/)

Recientemente, tras tres décadas de investigación en Seychelles se ha demostrado una y otra vez que las altas cantidades de consumo de pescado por madres embarazadas —un promedio de 12 comidas a la semana— no producen problemas de desarrollo en sus niños. Los investigadores previamente han equiparado este fenómeno con una especie de carrera de caballos biológica, en la que las ventajas de los nutrimentos de pescado para el desarrollo superan los posibles efectos perjudiciales del mercurio también presente en el pescado.

Ya el propio Ministerio de Sanidad, nos recuerda el Dr. Neyro, responsable de contenidos de www.neyro.com, aconsejó hace años el consumo de no más de 50 gramos al mes de grandes peces (tipo escualos,, pintarrojas o tiburones, pez espada o emperador, atún rojo…) cuando la mujer estuviere embarazada, precisamente por la cantidad de mercurio que estos animales acumulaban en su organismo: a mayor peso, más acumulación del tóxico. se preferían así peces pequeños, preferiblemente azules, y hasta cinco raciones semanales idealmente.

Sin embargo, la nueva investigación indica que esta relación es mucho más compleja y que los compuestos presentes en el pescado —específicamente en los ácidos grasos poliinsaturados (PUFA)— también pueden contrarrestar activamente el daño que ocasiona el mercurio en el cerebro.

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«Estos hallazgos no muestran ninguna relación global entre la exposición prenatal al mercurio a través del consumo de pescado y los resultados en el desarrollo neurológico», dijo Edwin van Wijngaarden, Ph.D., y profesor asociado en el Departamento de Ciencias de Salud Pública de la Universidad de Rochester y coautor principal del estudio. «También cada vez resulta más claro que las ventajas del consumo de pescado pueden superar, o incluso encubrir, cualquier efecto potencialmente adverso del mercurio».

«Esta investigación nos brinda la oportunidad de estudiar el papel que desempeñan los ácidos grasos poliinsaturados en el desarrollo y su potencial para aumentar o contrarrestar las propiedades tóxicas del mercurio», dijo Sean Strain, Ph.D., un profesor de Nutrición Humana en la Universidad Ulster en Irlanda del Norte y autor principal del estudio. «Los hallazgos indican que el tipo de ácidos grasos que consume una madre durante el embarazo pueden hacer una diferencia por lo que respecta al desarrollo neurológico futuro de su niño».

El nuevo estudio se da a conocer mientras la Food and Drug Administration de Estados Unidos y organismos internacionales están en el proceso de revisar las recomendaciones para el consumo de pescado a fin de que reflejen mejor los beneficios para la salud que tienen los nutrimentos presentes en el pescado. Las directrices actuales de la FDA —que recomiendan que las mujeres embarazadas limiten su consumo de determinados pescados a dos veces a la semana— fue establecida debido al riesgo conocido que tiene la alta exposición al mercurio sobre el desarrollo en la infancia.

El mercurio se halla en el ambiente como resultado de la actividad natural y humana (por ejemplo, emisión de plantas de carbón). Gran parte del mismo termina depositándose en los océanos del mundo y, en consecuencia, los peces albergan este elemento en muy pequeñas cantidades. Son tanto mayores cuanto mayor es el peso del pez en cuestión, señala nuestro experto el ginecólogo José Luis Neyro: de ahí la sugerencia comentada del Ministerio de Sanidad arriba comentada.

Esto ha dado origen a inquietudes en torno a que la repercusión acumulada de la exposición prenatal al mercurio a través del consumo de pescado pueda tener efectos negativos sobre la salud, pese al hecho de que nunca se ha establecido definitivamente un vínculo entre una baja exposición y las consecuencias para el desarrollo en los niños.

Al mismo tiempo, el pescado es rico en una serie de nutrimentos beneficiosos, tales como ácidos grasos, que son esenciales para el desarrollo del cerebro, lo que ha conducido a un debate prolongado entre científicos, ambientalistas y autoridades sanitarias en torno a los riesgos por contraposición a los beneficios del consumo de pescado. Este debate tiene consecuencias importantes en la salud global, ya que miles de millones de personas en todo el mundo se basan en el pescado como fuente primaria de proteína.

 

El Estudio de Desarrollo del Niño de Seychelles —una asociación entre la Universidad de Rochester, la Universidad de Ulster y el Ministerio de Salud y Educación de la República de Seychelles— es uno de los estudios demográficos más prolongados y más extensos de su clase. Las islas Seychelles son un grupo de islas del océano índico que han resultado ser la ubicación ideal para analizar la posible repercusión que la exposición persistente en bajo grado al mercurio tiene sobre la salud. Los 89.000 residentes de este país consumen pescado con una tasa 10 veces mayor que las poblaciones de Estados Unidos y Europa.

En el estudio publicado se efectuó seguimiento a más de 1500 madres y sus niños. A los 20 meses después del nacimiento, los niños fueron objeto de una extensa batería de pruebas concebidas para medir sus habilidades de comunicación, conducta y destrezas motoras. Los investigadores también reunieron muestras de cabello de las madres en la época de su embarazo para determinar las concentraciones de exposición prenatal al mercurio.

Los investigadores descubrieron que la exposición al mercurio no se correlacionaba con calificaciones más bajas en las pruebas. Este hallazgo fue similar a los resultados de estudios previos efectuados por el grupo —algunos de los cuales han realizado seguimiento a los niños en las Seychelles hasta su tercer decenio de vida— que tampoco han demostrado ninguna relación entre el consumo de pescado y el desarrollo neurológico subsiguiente.

Los investigadores también midieron las concentraciones de PUFA presentes en las mujeres embarazadas y descubrieron que los niños de madres con altas concentraciones de ácidos grasos conocidos como n3 —la clase que contiene el pescado— tenían mejor desempeño en determinadas pruebas. Otra variante frecuente de PUFA, llamada n6, proviene de otras carnes y aceites de cocina y se encuentra en mayor abundancia en las dietas de residentes de países desarrollados.

Se sabe que los ácidos grasos presentes en el pescado (n3; fundamentalmente los llamados C22: 6n-3 (DHA) (229.60), C20:5 n-3 (EPA)(52.10), C18:3 n-3 (ALA)(11.80) y C20:3 n-3 (2.25)) tienen propiedades antiinflamatorias en comparación con los n6, que pueden favorecer la inflamación. Uno de los mecanismos mediante los cuales el mercurio inflige daño es a través de la oxidación y la inflamación y esto ha llevado a los investigadores a conjeturar que n3 no sólo proporciona más beneficio por lo que respecta al desarrollo del cerebro, sino que estos compuestos también pueden contrarrestar los efectos negativos del mercurio.

Esto se reflejó en los hallazgos del estudio, el cual demostró que los niños de madres con concentraciones relativamente más altas de n6 tenían peor desempeño en las pruebas concebidas para medir las habilidades motoras.

«Al parecer esta relación entre los nutrimentos del pescado y el mercurio puede ser mucho más compleja que lo que antes se apreciaba», dijo Philip Davidson, Ph.D., el investigador principal del Estudio del Desarrollo Infantil de Seychelles, profesor emérito de la Universidad de Rochester y autor principal del estudio. «Estos hallazgos indican que puede haber un equilibrio óptimo entre las diferentes propiedades inflamatorias de los ácidos grasos que favorecen el desarrollo fetal y que estos mecanismos justifican más estudio».

Si a todo ello añadimos que una nutrición bien equilibrada puede determinar incluso la duración del embarazo como demostramos en http://www.neyro.com/2014/03/14/una-dieta-equilibrada-en-el-embarazo-podria-reducir-el-riesgo-de-parto-prematuro/, esteremos en disposición de entender la importancia capital que los ginecólogos damos a los cuidados prenatales e incluso a la visita pre-concepcional para orientar la nutrición de la futura mamá, señala el Dr. Neyro.

Referencias:

Edwin van Wijngaarden et al, Prenatal exposure to methyl mercury from fish consumption and polyunsaturated fatty acids: associations with child development at 20 mo of age in an observational study in the Republic of Seychelles.American Journal of Clinical Nutrition. January 21, 2015, doi: 10.3945/​ajcn.114.100503

Fuente: Modif de Medical News Today