Pero ¿no habíamos relacionado siempre la menopausia y el riesgo cardio-vascular?

Teníamos claro que la menopausia no aumenta el peso de la mujer sino que redistribuye la grasa en su organismo haciendo que tome cada vez más cintura sin perder el resto de grasa que previamente tuviera. Cierto¡¡¡ Pero sí parece que teníamos claro que con la finalización de las menstruaciones como expresión del final de la vida de los ovarios, se incrementaba el riesgo cardio-vascular. De hecho, los ginecólogos estábamos (algunos al menos…) en la onda de reducir ese riesgo por muy diversos métodos (lo contamos en https://www.neyro.com/2016/06/30/menopausia-y-riesgo-cardiovascular-de-verdad-son-inseparables/)

Y no solo éso, como prueba irrefutable de que el asunto era como señalamos, destacábamos que la llegada anticipada de la menopausia aumentaba todavía más ese riesgo cardio-vascular por ejemplo para aquellas mujeres afectas de menopausia precoz o incluso temprana. Le dedicamos una larga noticia a comentarlo en este mismo blog hace ya unos años, en https://www.neyro.com/2016/12/05/la-menopausia-de-inicio-temprano-significa-mas-riesgo-subsiguiente-de-complicaciones-cardiovascular/

Pues bien, sin contravenir del todo lo que ya era sabido y que ha presidido la ciencia y el conocimiento del manejo del climaterio y la menopausia por los últimos 50 o 60 años, ahora se ha publicado un inquietante estudio que indica cosas, si no distintas, sí por lo menos las matiza un poco. Se tituló «Age at period cessation and trajectories of cardiovascular risk factors across mid and later life» y ha aparecido en  una publicación tan especializada como Heart, con la firma de Linda Marie O’Keeffe y sus colaboradores de la  MRC Integrative Epidemiology Unit, University of Bristol, Bristol, UK, en el mes de mayo de 2020, en plena pandemia por SARS-CoV2, Justo aquí abajo mostramos la nueva cubierta de la publicación (que puede seguirse en el original en  https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7079196/)

En este estudio se examinó la asociación entre la edad de retirada de la menstruación y las trayectorias de antropometría, la evolución de la presión arterial, el perfil de lípidos en sangre y la hemoglobina glucosilada (HbA1c) (como marcador de la presencia de diabetes), desde la mediana edad hasta los 69 años. Se emplearon los datos de una base de datos tan amplia como la UK Medical Research Council (MRC) National Survey of Health and Development (NSHD)con registro longitudinal de la presión arterial sistólica (PAS), la presión arterial diastólica (PAD), el índice de masa corporal (IMC) y la circunferencia de la cintura (CC) desde los 36 a los 69 años y triglicéridos, colesterol-LDL, colesterol-HDLy HbA1c desde los 53 a los 69 años, nada menos.
El MRC NSHD es una muestra socialmente estratificada de 5362 sujetos (2547 mujeres y 2815 hombres) seguidos 24 veces desde su nacimiento en Inglaterra, Escocia y Gales en la primera semana de marzo de 1946, con nueve cuestionarios postales adicionales enviados a mujeres en la mediana edad. En este web, el lector avezado ya sabe la enorme validez que tienen los estudios longitudinales de seguimiento de grandes grupos de población (cohortes las llaman los expertos en epidemiología) durante muchos años, a veces décadas incluso.

Pues bien, yendo ya a los resultados, no se halló evidencia de que la edad en la retirada de la menstruación se asociara con las trayectorias de triglicéridos, colesterol-LDL y HDL desde los 53 a los 69 años, ni con las trayectorias de PAS (presión arterial sistólica) o PAD (presión arterial diastólica) de los 36 a los 69 años, independientemente de si la menopausia se produjo de forma natural o debido a una histerectomía. Ya conocíamos que la histerectomía se asociaba a otros riesgos ligados a problemas hormonales (ver en https://www.neyro.com/2019/06/30/extirpacion-del-utero-mayor-riesgo-de-padecer-osteoporosis/)

En el estudio que ahora comentamos, sin embargo, si hubo alguna evidencia de asociaciones entre la edad en la retirada de la menstruación y el IMC (índice de masa corporal), CC (la circunferencia de la cintura, por la redistribución de la grasa fruto del descenso de los estrógenos, ya comentada) y HbA1c, pero los patrones no fueron consistentes y las diferencias fueron pequeñas a la edad de 69 años.

Se concluye que la forma y el momento en que las mujeres experimentan la retirada de la menstruación parecen no afectar negativamente a los factores de riesgo cardio-vascular convencionales. No deja de ser sorprendente, pero los autores dicen textualmente que consideran improbable que la forma y el momento en que las mujeres experimenten la interrupción de sus reglas afecten negativamente los factores de riesgo cardio-vascular convencionales en la mitad y más tarde en la vida. Las mujeres y los médicos preocupados por el impacto del tipo y el momento de la interrupción del período en los intermedios cardio-vasculares convencionales de la mediana edad deben estar seguros de que el impacto a largo plazo es pequeño.

La polémica está abierta al debate; lo que es indudable es que las verdades que en ciencia hoy parecen incontrovertibles, mañana se desmontan en sentido contrario con nuevas investigaciones. Así es la ciencia…: dudar de todo y siempre, como señalaba nuestro maestro Descartes en el Discurso del Método… Seguiremos informando.

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