Consecuencias neonatales e infantiles de vacunar contra la tos ferina a las madres durante la gestación

 

Continuamente en revisión, constantemente visando lo que uno ha hecho en el pasado…; esta es seguramente la diferencia fundamental entre un oficio (por digno que sea…) y una profesión: el profesional está obligado a revisar lo que hace y cuestionarse siempre todas sus actitudes, para tratar de mejorar sus actuaciones. Viene esto a colación que en este blog hemos recomendado siempre la prevención como mejor método para que las enfermedades no impacten en toda su crudeza; tan es así que incluso «inventamos» un meme alrededor de la idea de preguntarnos «qué parte del embarazo empieza siempre por un pinchazo?» (lo tiene el lector en https://www.neyro.com/2020/11/18/doctor-que-parte-del-embarazo-comienza-siempre-por-un-pinchazo/)

Y es que la inmunización materna con la vacuna contra el tétanos, la difteria y la tos ferina acelular (TDAP) se recomienda de forma rutinaria en muchos países como una estrategia para proteger a los lactantes pequeños contra la infección grave por tos ferina, gracias a los anticuerpos que, generados por la vacunación de la madre, atraviesan la placenta y protegen al chiquitín desde su nacimiento. Sin embargo (y aunque no está ni mucho menos generalizada la cobertura vacunal en las gestantes, como muestra la imagen de abajo), pocos estudios han evaluado si la exposición prenatal a la vacuna está asociada con efectos adversos para la salud en los niños, por ejemplo.

Pues bien, ya no podemos decir que no tenemos datos al respecto. Es más, recientemente, en el mes de mayo de este 2021, se acaba de publicar (ver el original en https://pediatrics.aappublications.org/content/147/5/e2020042507.long) un estudio de cohortes retrospectivo basado en la población de Canadá, que utilizó múltiples bases de datos administrativas de salud. El título original del manuscrito era «Health Outcomes in Young Children Following Pertussis Vaccination During Pregnancy» y lo firmaron colegas de la University of Ottawa, en Ottawa, Ontario, Canada, capitaneados por Meghan Laverty como primera firmante del mismo. En la imagen, la portada de la revista en cuestión.

Como no podía ser de otra manera en un estudio de cohortes, la recogida de casuística fue inmensa y así, se incluyeron todos los nacidos vivos entre abril de 2012 y marzo de 2017, y se hizo un seguimiento de los niños durante un máximo de 6 años para examinar los resultados de salud. Los niños expuestos a la TDAP prenatal se equipararon con la puntuación de propensión a los niños no expuestos en una proporción de 1:5. Se evaluaron los resultados inmunitarios (enfermedades infecciosas, asma) y no inmunitarios (neoplasias, trastornos sensoriales) y un resultado de morbilidad inespecífico (uso urgente o hospitalario de servicios de salud) desde el nacimiento hasta el final del seguimiento.

Esta es (otra más…) de las enormes ventajas de tener buenas bases de datos sanitarios y de recoger adecuadamente, día a día los datos de cada consulta, de cada intervención médica, de cada actuación de enfermería…(¿lo sabrán nuestras -respetadas- autoridades sanitarias?). En el estudio que comentamos ahora, de 625.643 nacidos vivos, apenas 12.045 (1,9%) fueron expuestos a TDAP en el útero. No hubo un aumento significativo del riesgo de resultados adversos en la niñez con la exposición prenatal a la Tdap, y esta ya era de por sí una muy buena noticia.

Pero hay más en sentido inverso; y es que se observaron asociaciones inversas (índice de tasa de incidencia ajustado [intervalo de confianza del 95%]) con infecciones de las vías respiratorias superiores (0,94 [0,90-0,99]), infecciones gastrointestinales (0,85 [0,79-0,91]) y con empleo urgente y hospitalario de servicios de salud (0,93 [0,91-0,96]). Ya conocíamos además el grado de cobertura específica de los neonatos cuyas madres fueron vacunadas como muestra la imagen de abajo de otra serie diferente de estudio.
Como conclusión general, los autores canadienses, relatan que por lo tanto, la exposición a la vacuna TDAP durante el embarazo (¿recuerdan: la parte de la gestación que comienza siempre por un pinchazo…?), no se asoció con un mayor riesgo de resultados adversos para la salud en la primera infancia, por lo que se respalda la seguridad a largo plazo de la administración de TDAP durante el embarazo. Otra nueva buena noticia. Seguiremos informando…

 

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