¿Existe de verdad el «sufrimiento fetal» tal y como lo hemos concebido durante décadas?

 
 
La memoria, solemos decir, es selectiva y nos permite (menos mal¡¡¡) recordar mejor solo aquello que nos mejora, que nos favorece, que nos beneficia… Y sin embargo, algunos neurólogos, incluso algunos psiquiatras nos recuerdan que gran parte de los recuerdos de nuestra infancia son sino inventados, al menos transferidos desde las historias que otros nos cuentan sobre cómo nos pasaron.

Algunas personas afirman ser capaces de «recordar» vívidamente lo que les aconteció con este o aquel episodio de cuanto tenían apenas tres o cuatro años; ¿es eso posible?, ¿usted qué cree amigo lector? Y así puestos a hablar de cosas anteriores incluso que nuestra propia infancia, ¿tendrán sentido aquellas técnicas de hipnosis que nos trataban de devolver al bienestar del claustro materno? Pero ¿realmente alguien puede acordarse de cómo era estar en el claustro materno, durante el embarazo?
Y si rizamos todavía más el rizo, ¿qué sentido tiene mantener el diagnóstico de «sufrimiento fetal» que hasta hace bien pocos años rellenaba páginas y capítulos de los libros de Obstetricia y de asistencia al parto? ¿Puede verdaderamente «sufrir» un feto, un bebé que todavía ni ha nacido? ¿No es cierto que el sufrimiento es un concepto adulto y que precisa del daño moral para su existencia? Y para que exista daño moral, ¿no son necesarias experiencias (morales) previas, como la vejación, el desprecio, el acoso, el insulto…, por ejemplo? En esas circunstancias, ¿puede sufrir intraparto un bebé que apenas inicia su asomo a la vida?

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