«Acuérdate de los sanitarios que estuvimos ahí»

Todo el mundo está aportando su grano de arena para ayudar, sea como sea, en la actual crisis sanitaria que vivimos. Ayer abrimos La Ventana a todos los sanitarios que quisieran contarnos cómo están viviendo y sufriendo de primera mano esta dramática situación. Entre la cantidad de testimonios, historias y reflexiones que nos llegaron, tuvimos la oportunidad de compartir un texto que escribió un doctor dirigida a todos los usuarios, pero que bien podría firmar todo el personal de la sanidad pública española. La carta decía así:

«Cuanto todo esto pase, por favor, acuérdate de que seguimos en el hospital, en las consultas, en el centro de salud, en las ambulancias. Sé paciente cuando tengamos que reconstruir y reorganizar la asistencia sanitaria. Acuérdate de que en mitad de la pandemia nunca pedimos dinero ni descansos, sino medios para cuidarte. Acuérdate de unirte a nosotros cuando salgamos a pedir mejoras en sanidad.
Acuérdate de no volver a decirnos «porque yo te pago» porque ya has visto que nada paga el trabajo que se hace en la sanidad pública. Acuérdate de que ningún cantante, ningún tronista, ningún futbolista, ningún famoso te salvó la vida.
Acuérdate de que muchos se dejaron la vida en esta lucha. Acuérdate de que la Sanidad Pública es sagrada y defiéndela con uñas y dientes. Cuando todo esto pase, acuérdate de cuidarte para estar sano y no enfermar. Recuerda que la salud es un bien y no un derecho; que el derecho es a la asistencia sanitaria y esta, siempre funciona. 
Y acuérdate de que nos aplaudías porque fuimos nosotros y nosotras los que estuvimos ahí. Acuérdate de nosotros, porque seremos los mismos los que volveremos a estar cuando haga falta”
Firmado: Todos los trabajadores de la sanidad pública de este país. 

José Luis Neyro es ginecólogo y uno de los autores de este reivindicativo fragmento. Un texto escrito entre todo el personal del hospital: celadores, administrativos, auxiliares, enfermeras, doctores… “Nos lo hemos ido pasando y todos añadíamos algo”, cuenta José Luis en La Ventana. Añade que el texto es también una manera de denunciar que más del 30% del personal sanitario no tiene una plaza en propiedad y más del 55% ha recibido agresiones durante su asistencia. Estos datos son parte de una realidad que, confiesa, “me duele en el alma”.

Como médico José Luis recalca la importancia de la inversión en ciencia e investigación y explica cómo los países que más invierten en estos campos están a la vanguardia y mejor preparados para virus desconocidos como este. Sin embargo insiste en los grandes avances que ha hecho la ciencia con respecto al coronavirus. “En apenas tres meses hemos conocido el desarrollo de la enfermedad, conocemos su genoma y nos lo hemos pasado entre diferentes centros de investigación del mundo, se están creando vacunas en diferentes países del mundo y ya hay más de 260 ensayos clínicos sobre tratamientos del coronavirus”, cuenta.

José Luis calcula que aproximadamente hasta dentro de dos meses no podremos volver a una situación de normalidad. Sin embargo, no quiere volver a lo que antes de esta pandemia era normal, “quiero pensar que no vamos a volver a ser tan insolidarios como antes”, dice. “Espero que esto nos cale hondo y cambie nuestra forma de ser con los demás”

 

UN REPORTAJE DE LUCÍA NOGUERALES PUBLICADO EN CADENA SER

https://cadenaser.com/programa/2020/04/01/la_ventana/1585759328_637868.html

 

Un comentario sobre “«Acuérdate de los sanitarios que estuvimos ahí»”

  1. Apenas esta mañana, al despertarme a las 07.00, como cada día, lo tenía en el teléfono, esperando mi lectura, con el desgarrador lamento de los que en primera línea cada jornada, se ven obligados a vivir en la esquizoide dualidad de dos versiones distintas de los mismos hechos.

    Lejos del glamour de los aplausos de cada noche, lejos de la «firme voluntad» de nuestras (respetadas) autoridades sanitarias que en cada rueda de prensa nos mienten sobre sus acciones, sobre los EPI que no llegan, sobre los tests que no se hacen…

    Y los de la primera línea, los que batallan cada día entre el miedo al contagio, a la enfermedad, acaso al deterioro e incluso a la muerte y del otro lado el compromiso y la dedicación, los que deciden cada día que la vocación de entrega está por encima de todo, porque el centro no son ellos, los que lo pelean en cada trinchera sino el paciente, desvalido, ni tan siquiera arropado por una familia que ha de conservar las distancias (ellos sí, no los paniaguados televisivos ni los políticos arrogantes…), ellos, ellas, tantos, tantas…, a veces flaquean, y se hartan, y el hartazgo les lleva a veces (pacas) al lamento y a la lágrima (muchas más…).

    Esta mañana, decía, estaba en mi teléfono, como el grito de todo un turno, quién sabe si de noche o de mañana, quién sabe si de una planta o de una UCI, que tanto da…

    Me ha hecho pensar, reflexionar, acopiar entereza, desgranar ternura, por ellas, por ellos, para todos, por los que cada día se enfrentan a la incomprensión y trabajan sin ayuda, bajo amenazas incluso…

    Por eso, en su homenaje es que cuelgo ahora esas reflexiones, las que me esperaban esta mañana en mi teléfono…

    Decían así…:

    Criminales impávidos, surtidores de afrentas. Licenciados en infamia, ejemplos de soberbia. Canallas sin pistola, que se sienten seguros porque esconden su cobardía tras la sombra de sus guardaespaldas. Extrañas criaturas, de abominable naturaleza, que están hechas de una materia prima putrefacta, cuya arrogancia homicida maneja sus finanzas mientras amontonan en su haber miles de damnificados. Hipócritas que muestran ante el público sus dientes blanqueados y su vestuario impecable, que nos hablan con semblante serio pero que con un esbozo de sonrisa nos mienten diciendo que todo está bien, que lo tienen controlado. Sinvergüenzas que, desde la impunidad de sus cargos, mutilan la verdad con sus palabras y sus decisiones, y que nos cuentan que se ponen en nuestra piel, que sienten nuestro dolor, y que por ello reflexionan en silencio y toman decisiones duras, pero necesarias para el bienestar de todos. Pero la única verdad de todo esto es que, para ellos, un día más, vivos o muertos, sólo somos nuevas cifras que salen como exabruptos de sus sucias bocas, de sus negras almas y de sus infames e imperturbables mentes, vacías de conciencia.

    Imposible expresar otra cosa que comprensión, respeto, gratitud, ternura y aliento para todos ellos, para todas ellas, en cada turno, en cada destino….

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