Es un niño, y no por
azar. Cuando nazca dentro de tres meses, este bebé, al que todavía
no le han elegido un nombre, habrá venido al mundo para colmar el
deseo más ardiente de sus padres: tener un hijo varón con el que
equilibrar una familia en la que ya existen dos niñas, de cuatro y
seis años.
Ellos, una pareja residente en
Valencia él, de 38 años, empleado de una empresa privada; ella, dos
años menor, una licenciada que ejerce de ama de casa no querían que
fuese la ley de las probabilidades naturales quien deshojase su
margarita será niño, será niña así que hace seis meses viajaron a
Virginia (EEUU) para someterse a una operación de selección de
espermatozoides.En la clínica Microsorft les aseguraban que
concebirían un varón, con una garantía de éxito del 95% o el 96%.
«Tener un hijo era nuestra mayor ilusión, pero no queríamos dejarlo
al azar. Habíamos leído que había alguna técnica para conseguirlo,
así es que le consulté a mi ginecólogo. Me confirmó que era posible,
pero no aquí, y nos facilitó algunas direcciones en Estados Unidos.
Elegimos una clínica en Virginia porque allí contamos con unos
familiares», explica la futura madre.
La técnica les pareció inocua y relativamente sencilla. Ella
sería inseminada con espermatozoides de su marido que contuvieran el
cromosoma «y», previamente seleccionados en el laboratorio y
apartados de aquéllos cuya carga cromosómica fuera «xx». La
intervención costaría unas 500.000 pesetas, a las que habría que
añadir los gastos de desplazamiento y estancia. Probablemente, en
total, cerca de un millón. Y allá que se fueron. A los cuatro meses
y medio de su paso por Microsorft, una ecografía confirmó que la
valenciana estaba embarazada de un niño. Nadie, ni siquiera los
familiares más cercanos de la pareja, sabe que tan deseado bebé es
fruto de la selección de sexos, una opción controvertida que en
España tan sólo se admite por razones terapeúticas (por ejemplo,
para evitar enfermedades hereditarias cuyo desarrollo está ligado al
sexo, como la hemofilia). Pero, ¿será así siempre?
La pregunta no es gratuita. La Sociedad Americana de Medicina
Reproductiva (SAMR) acaba de cambiar su criterio y se ha pronunciado
a favor de la utilización de otra técnica de elección de sexos, la
selección de embriones, en aquellos casos en los que, existiendo ya
un hijo de un determinado género, se busque otro del contrario.El
comité de ética de la SAMR había rechazado esta posibilidad en un
informe preliminar de 1999.
A la pareja valenciana el cambio de opinión les parece un
acierto, aunque no pueden evitar cierto grado de frustración: «Por
supuesto que nos parece muy bien que se reconozca que las parejas
pueden elegir en estos casos. Creo que quienes se oponen lo hacen
sobre todo por el miedo que siempre está detrás de todo lo nuevo. Yo
no estaría de acuerdo con la selección de un bebé de determinadas
características o con rasgos concretos, pero eso es muy distinto.Lo
de EE UU está muy bien, pero quienes vivimos aquí vamos a tener que
seguir dejando el dinero en otros países para poder hacerlo», razona
la futura madre.
El método de selección embrional, que se llama diagnosis de
preimplantación genética, está disponible desde hace una década,
perohasta ahora se había reservado exclusivamente a las parejas con
elriesgo de tener niños con determinadas enfermedades o
malformaciones genéticas. Ahora, aunque algunos especialistas en
fertilidad norteamericanos continúan equiparando la selección de
sexos a una forma de discriminación sexual y, como tal, algo
éticamente inaceptable, lo más probable es que, tras el
pronunciamiento de la SAMR, esta opción se incorpore a los
estándares de la práctica médica en Estados Unidos y su uso se
extienda y normalice en unos pocos años. Esto es al menos lo que ha
sucedido con la mayoría de sus recomendaciones durante los últimos
20 años.
Y aquí es donde vuelve a encajar la pregunta inicial: ¿Podría
darse una evolución similar en España? «No lo creo», responde
categórico Simón Marina, director del Instituto Cefer de
Reproducción Asistida, en Barcelona. Haría falta, cuando menos, un
cambio de Gobierno, opina Marina. Y desde luego, también, un mayor
consenso entre los especialistas europeos y un pronunciamiento
similar de la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología,
algo que parece estar lejos de producirse.
No faltan sin embargo en nuestro país los partidarios de tal
asunto. Y el propio Marina, un especialista de talante pionero que
ha colgado en su currículo la medalla de ser el organizador del
primer banco de semen de España, allá por 1977, está entre ellos.
«Todos los argumentos que se han dado en contra de la selección
de sexo para mí no tienen ningún peso. Se dice, por ejemplo, que
esto podría romper el equilibrio demográfico que existe entre
hombres y mujeres, pero en la práctica yo me he encontrado que
existe un equilibrio natural entre quienes están interesados en
tener una niña o un niño. ¿Que en China o en La India sólo están
interesados por los niños? De acuerdo, pues que lo prohíban allí,
pero la realidad de los países occidentales es otra muy distinta»,
argumenta Marina.
En su opinión, elegir el sexo de un hijo «no daña a nadie» e
insiste en aclarar que nada tiene que ver con la manipulación
genética. Cree, por el contrario, que coartar esa posibilidad a las
parejas significa tanto como inmiscuirse en su alcoba y limitar su
libertad para decidir qué familia quieren tener. «Todos aceptamos
que uno quiera tener cinco hijos, o que prefiera tener dos o
ninguno. Que uno opte por tenerlos antes o después. Que uno se haga
una vasectomía y luego cambie de opinión y quiera seguir teniendo.
Nadie llama a esto medicina "de capricho". ¿Por qué tener
preferencia por un sexo o por otro, algo que es tan natural, debería
de serlo?", se pregunta el director de Cefer.
También en esta materia Marina es un pionero. Estudió estas
técnicas, que por entonces eran incipientes y mucho menos seguras, a
comienzos de los años 80, en Estados Unidos. De regreso a España,
utilizó estos conocimientos con «tres o cuatro» parejas españolas
que buscaban bebés de sexo «garantizado», y los intentos coronaron
en éxito. Por entonces, no había normativa alguna en España que lo
prohibiera pero, en 1983, la Ley de Reproducción Asistida vino a
cambiar radicalmente el panorama.
Aunque la ley española es taxativa en este asunto y, formalmente,
no existe ningún debate al respecto, la opinión de los profesionales
no es unánime. Los hay claramente favorables, como el doctor Marina.
Otros, totalmente contrarios, como Rafael Bernabeu, que desde su
clínica de Alicante opina que «elegir en este terreno se asemeja
bastante a una mercadería».
Algunos condicionan su respuesta a la técnica que se utilice y al
modo en el que se emplee. Y la selección de embriones o diagnóstico
genético preimplantatorio es la más controvertida.
Antonio Pellicer, catedrático de Ginecología y director del
Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI) se muestra partidario
siempre y cuando los embriones no seleccionados no se destruyan.
«Existe la posibilidad de donarlos. Para mí no resultaría ético
destituir embriones porque son chicos, o porque son chicas»,
puntualiza.En un sondeo realizado hace algunos años entre sus
pacientes, el 85% de las parejas respondieron que les gustaría
elegir el sexo de sus hijos si se les ofreciese la oportunidad.
José Luis Neyro,
especialista en reproducción asistida y jefe de la Unidad de
Endoscopia Ginecológica del Hospital de Cruces, en Bilbao, rechaza
que el diagnóstico genético preimplantatorio se realice con fines
distintos a los que admite la ley. Sin embargo, en determinados
casos, la selección espermática le parece una vía admisible para
optar entre los sexos más allá de las razones estrictamente
terapeuticas.
Este misma semana otro caso de selección embrionaria ha encendido
una viva polémica en el Reino Unido. Antes de 2002, en Leeds, habrá
venido al mundo un niño que será hermano de Zain Hashni, un pequeño
de dos años enfermo de leucemia. Este niño será el resultado de una
selección de embriones realizada con el objetivo de garantizar a
Zain un hermano cuya médula fuera compatible con la propia y pudiera
servirle de donante.
«No hemos diseñado nada», sostiene la madre de Zain. «No estamos
creando bebés, ni tratando de elegir el color de las pupilas de sus
ojos o de su cabello», dice el experto que ha intervenido en el
asunto.
En el fondo, la pregunta sigue siendo la misma: ¿es ético
seleccionar embriones en función de lo útiles o apetecibles que nos
resulten?
PIONERO
Simón Marina, director del centro Cefer, de Barcelona, es un
pionero en materia de selección de sexo. A comienzos de los 80,
estudió las técnicas en EEUU entonces, de selección espermática , y
las utilizó después en España antes de la entrada en vigor de la Ley
de Reproducción Asistida. En 1990, dos de sus pacientes la pareja
constituida por Esperanza Martín y José Sánchez, padres de cinco
hijos varones solicitaron a los tribunales una autorización que les
permitiese recurrir a este procedimiento y garantizar el nacimiento
de una niña. Fue el primer caso en el mundo. Un juez de primera
instancia de Mataró dictó a su favor, pero la sentencia fue
recurrida y revocada. El caso llegó hasta el Tribunal Supremo.