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La osteoporosis constituye uno de los principales problemas de salud a nivel mundial, su alto coste social está llamando la atención sobre la necesidad, tanto por parte de los especialistas en esta enfermedad como de las autoridades sanitarias, de lograr el establecimiento de estrategias globales para su prevención, diagnóstico y tratamiento.
Esta enfermedad crónica, la más prevalerte en todo el mundo, la sufren en nuestro país más de 3 millones de personas, de las cuales 2,5 millones son mujeres, prácticamente el 6% de la población española, más incluso que diabéticos o bronquíticos crónicos, según afirma la FHOEMO (Fundación Hispana de Osteoporosis y Enfermedades del Metabolismo Óseo). Y es que las estadísticas también reflejan que, con la llegada de la menopausia, se incrementa en un 40 por ciento el riesgo de padecer una fractura ósea en la mujer. No obstante, la situación es más grave cuando se habla del grupo de mujeres entre los 60 y los 80 años, ya que dos terceras partes de las mismas presentan ya un diagnóstico de osteoporosis.
Por este motivo, la osteoporosis ha ocupado un espacio fundamental en el análisis, debate y planteamiento práctico de los expertos que nos hemos reunido recientemente en la IV edición del Curso de Formación Continuada Climaterio y Menopausia de la Asociación Española par el Estudio de la Menopausia - AEEM en Bilbao. Y existe entre los profesionales sanitarios unanimidad en la necesidad de actuar de forma inmediata ante el preocupante bajo nivel de sensibilización de la sociedad respecto a los riesgos que conlleva esta enfermedad. En ella, el diagnóstico temprano y el tratamiento precoz son básicos a la hora de evitar las fracturas, principal consecuencia de la osteoporosis, y que pueden causar incapacidad laboral transitoria, invalidez y predisponer al riesgo de muerte. Por éso es una amenaza silenciosa (la “menaçe silencieuse” que decían los franceses); porque hasta que llega la primera fractura la enfermedad no duele, lo que duelen son precisamente las fracturas, pero tan solo la primera condiciona ya un incremento del riesgo de padecer la siguiente…y así, el riesgo crece de forma exponencial de padecer nuevas fracturas en cualquier localización del organismo.
Esta dramática situación y el hecho del aumento de la incidencia de la enfermedad debido al envejecimiento de la población y los malos hábitos de vida, nos deben obligar a aplicar la medicina preventiva desde la infancia y la juventud (incrementando el ejercicio físico y la ingesta de calcio y lácteos en general) para evitar la aparición de la osteoporosis y optimizar al máximo los tratamientos disponibles.
Sólo una de cada cinco mujeres que ha sufrido una fractura recibe tratamiento; sin embargo, disponemos de un amplio arsenal terapéutico para abordar esta patología. Entre las nuevas drogas se puede destacar el ibandronato, la hormona paratiroidea o el ralenato de estroncio. El primero de ellos, un nuevo bisfosfonato, ha demostrado su eficacia al inhibir la resorción ósea, disminuir la pérdida de masa ósea, aumentar la densidad ósea y reducir el riesgo de fracturas. Por su parte, la Hormona Paratiroidea (PTH), administrada en forma de inyección subcutánea, se ha convertido en el primer agente formador de hueso (acción anabólica) para el tratamiento de la osteoporosis posmenopáusica y también para la osteoporosis en hombres que disminuye el riesgo de fracturas tanto vertebrales como no vertebrales en más de un 50%.
Junto a ellos, fruto del esfuerzo realizado en investigación en Europa, se encuentra el ralenato de estroncio, una terapia que a través de diversos ensayos clínicos ha demostrado su eficacia y seguridad y se ha convertido en una de las alternativas más esperanzadoras. Los datos le avalan ya que ha logrado un 41 por ciento de reducción del riesgo de fracturas vertebrales y un 36 por ciento en fracturas de cadera. Su mecanismo de acción dual, un fármaco antirresortivo y simultáneamente formador, debe hacernos reconsiderar su empleo en el manejo integral de la osteoporosis.
Los datos que existen acerca de la prevalencia de esta patología ponen de manifiesto que uno de los caballos de batalla más importantes de esta enfermedad es evitar que se produzca la primera fractura, por lo que el objetivo básico del tratamiento debe ser evitarla. Hay que insistir, en este sentido, en la detección de los factores de riesgo que predisponen a la osteoporosis como parámetro fundamental a la hora de iniciar un tratamiento. Por ejemplo, ser mujer, tener un peso inferior a 57 kilogramos, el hecho de estar recibiendo tratamiento con corticoides, sales de litio, antiepilépticos o anticoagulantes, así como registrar un fallo ovárico prematuro o menopausia precoz son algunos de los factores más significativos que indicarán, en última instancia, si la paciente tiene o no riesgo de fractura.
Por consiguiente, todo predispone a la necesidad de individualizar el tratamiento de la osteoporosis con la finalidad de maximizar los beneficios de la terapia y mejorar la calidad de vida del paciente. Una vez conseguido darle años a la vida se trata de que, entre todos, le demos vida a esos años¡¡.
