Hipersexualidad e hiperdeseo sexual: ¿son la misma entidad?

¿Existe realmente un deseo sexual “excesivo”?, ¿podría hablarse en determinados casos de hipersexualidad?, ¿son exactamente la misma cosa?, ¿representan una única entidad? El concepto de hipersexualidad se ha acompañado de acalorados debates y conclusiones conflictivas en torno a su naturaleza, sostienen Joana Carvalho y cols. en una investigación publicada este año en The Journal of Sexual Medicine.

Una de las cuestiones centrales en discusión es la potencial imbricación entre la hipersexualidad y el deseo sexual acentuado. Con investigación relevante en su fase temprana, la estructura de la hipersexualidad sigue siendo en gran parte desconocida. Y es que seguramente la ciencia ha p`restado más atención a la situación contraria, al deseo sexual inhibido que incluso tiene ya abordaje farmacoógico como recogíamos en la noticia publicada hace unas semanas en este mismo web (http://www.neyro.com/2015/06/29/la-libido-femenina-disminuida-puede-tener-solucion-farmacologica/)

Los autores del estudio que ahora comentamos, se propusieron explorar sistemáticamente la imbricación entre la sexualidad problemática y la hiperlibido. Para lo que llevaron a cabo una encuesta en línea (no en persona) en la población de Croacia en 2014, que luego analizaron conjuntamente entre las universidades de Oporto y Zagreb..

Los datos fueron analizados primeramente por grupos (según género) con base en el deseo sexual, la actividad sexual, la falta de control percibida con respecto a la propia sexualidad y las consecuencias negativas en la conducta. Una de las cuestiones más debatidas siempre al pensar en estos asunto, declara el Dr. Neyro, es si la menopausia como acontecimiento central en la vida de la mujer, termina con la sexualidad tras ese periodo; nos ocupamos del tema enhttp://www.neyro.com/2014/06/30/hay-sexo-despues-de-la-menopausia/

Los participantes del estudio que comentamos en los grupos significativos fueron entonces comparados por lo que respecta a las distintas características psicosociales. Para complementar el análisis de agrupaciones (CA) se llevó a cabo un análisis de factor confirmatorio (CFA) multigrupo de los mismos cuatro constructos.

Incluyeron los indicadores que representan la estructura propuesta de la hiper-sexualidad, a saber: deseo sexual, frecuencia de actividad sexual, falta de control con respecto a la propia sexualidad y desenlaces negativos en la conducta. También se evaluaron características psicosociales como religiosidad, actitudes hacia la pornografía y psicopatología general.

Carvalho y sus colaboradores portugueses y croatas, trabajando conjuntamente, indican en el trabajo ahora publicado (y disponible  en el link http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/jsm.12865/abstract;jsessionid=43C4FC034418A5EBEC82361C41C49670.f03t01) que el análisis de agrupaciones señaló la existencia de dos grupos significativos, uno que representa una sexualidad problemática, es decir, falta de control con respecto a la propia sexualidad y desenlaces negativos (grupo de control/consecuencias), y el otro que refleja la hiperlibido y la actividad sexual frecuente (grupo con deseo/actividad).

En comparación con el grupo con deseo/actividad, los individuos del grupo de control/consecuencias informaron más psicopatología y se caracterizaron por actitudes más tradicionales. Complementando los hallazgos del CA, el CFA señaló dos dimensiones latentes distintivas: sexualidad problemática y deseo/actividad sexual altas.

De esta manera, los autores consideran que su estudio respalda la diferenciación de la hipersexualidad y el deseo sexual/actividad intensos, lo que indica (textualmente de sus conclusiones, señala JL Neyro) que la sexualidad problemática podría estar más relacionada con la falta percibida de control personal con respecto a la sexualidad y actitudes moralistas más que con altos grados de deseo sexual y actividad.

Referencia bibliográfica:

Joana Carvalho et al, Hypersexuality and High Sexual Desire: Exploring the Structure of Problematic Sexuality.                    

The Journal of Sexual Medicine. Volume 12, Issue 6, pages 1356–1367, June 2015