REPERCUSIÓN DE LA MENOPAUSIA EN LA CALIDAD DE VIDA

La menopausia sucede en el 95% de las mujeres del mundo occidental; ello supone que la mujer vive en situación de hipoestronismo más del 35 – 40% de su vida. No obstante, la menopausia no puede ser considerada una verdadera endocrinopatía. No todas las mujeres precisan tratamiento hormonal; solo aquellas afectas de un síndrome climatérico que condicione su calidad de vida. De hecho, aunque la terapia hormonal es comúnmente usada para la prevención de enfermedades, sus efectos en la calidad de vida no han sido bien documentados. Los efectos de la terapia hormonal dependen de la presencia de sintomatología menopáusica. Los estrógenos, con / sin adición de bajas dosis de andrógenos pueden mejorar al calidad de vida durante estos años del climaterio sintomático.

Se hace necesario evaluar la calida de vida de las pacientes mediante una adecuada historia y cuestionarios específicos al llegar a la transición menopáusica y hacer un análisis individual de su situación de cara a decidir terapia hormonal y favorecer una atención individualizada que mejore su deteriorada calidad de vida.

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ABSTRACT.

 

In the occidental world, menopause occurs in 95% of women along her lives.  Menopause is not an endocrinopathy, but it might have a negative impact on quality-of-life (QoL). Postmenopausal hormonal therapy (HT) is commonly used by women for disease prevention, but its effects on quality of life have not been well documented. The effects of hormonal therapy depend on the presence of menopausal symptoms. Estrogens with or without testosterone may improve general well-being during this particular life period.

 

It’s very important to identifying patients who have a higher chance of persistent impaired quality of life after menopausal transition and may open the way for better patient-tailored prevention strategies. Through the use of extensive patient history and quality-of-life questionnaires, as a Cervantes® scale for the spanish perimenopausal specific population, we may be able to develop a rational and individualized approach to menopausal HT that safely guides our patients through this transition.

INTRODUCCIÓN.

 

Es conocido que hablamos de menopausia una vez transcurridos 12 meses desde aparecida la última regla y por tanto que su diagnóstico es retrospectivo. Entendemos menopausia (Mp) y climaterio, para este trabajo, como sinónimos y los definimos como una etapa de adaptación y transición a una nueva situación biológica que conlleva la pérdida de la capacidad reproductiva. La instauración de la Mp tiene un carácter progresivo, afecta a todas las mujeres sanas, no asociándose con la génesis directa de ninguna patología; no existe pues ninguna base científica que permita considerarla como una endocrinopatía; .no debe ser  medicalizada por lo tanto, ni precisa de un tratamiento como tal salvo en determinadas circunstancias (1). Es el envejecimiento el que aumenta el riesgo de ciertas enfermedades, no la Mp, en sí misma; la prueba es que Mp afecta a todas las mujeres sanas.

La edad media de aparición de la menopausia en mujeres sanas de nuestro entorno es alrededor de los 50 años. Como consecuencia del propio envejecimiento por lo tanto, a partir de la menopausia, aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, cáncer, y alteraciones del metabolismo óseo y articular, que es necesario evaluar y considerar de forma individual (2). La evaluación clínica de la mujer al fin de su vida reproductiva requiere la identificación de los posibles síntomas climatéricos, su severidad y la afectación de la calidad de vida que todo ello es capaz de producir; pero también es igualmente importante, como decíamos, la detección de patologías para su tratamiento oportuno, y sobre todo la identificación de los factores de riesgo conocidos para las patologías más frecuentes e importantes. Así, podemos hablar de pacientes sanas o de factores de riesgo en mujeres con menopausia-climaterio; si confundimos ambos conceptos podemos, cada vez más, definir como enfermedad lo que no son más que simples síntomas o signos, aspectos estéticos, presencia de factores de riesgo o por la probabilidad de padecer en el futuro una enfermedad. A este respecto, Cochrane afirmaba que no había conseguido saber quién introdujo el concepto (no consensuado) de límites normales de la presión arterial como los comprendidos entre +2 y -2 desviaciones estándar desde la media, sin que teóricamente haya nada que apoye esta idea (3).

Tal vez deberíamos definir la menopausia-climaterio como una “no-enfermedad” esto es, “un proceso o problema humano definido desde alguna instancia como una condición médica para el que se obtendrían mejores resultados si no fuera considerado y tratado así“, (etapa de adaptación y transición a una nueva situación biológica que conlleva la pérdida de la capacidad reproductiva) (4). Durante ese periodo, resulta importante evaluar de forma  individual los factores de riesgo; debe entenderse por tal aquel factor endógeno o exógeno, que puede ser controlado, precede al comienzo de la enfermedad, está asociado a un incremento de la probabilidad de incidencia de una determinada enfermedad y tiene responsabilidad en su producción (5).

El riesgo o los factores de riesgo han pasado a ser considerados una enfermedad prevalente, en una curiosa inversión de la paradoja de la prevención de Rose (6) por la que ciertos beneficios, ocasionalmente escasos a nivel individual, resultan sobrevalorados. De este modo, los fármacos preventivos son un negocio en alza; su uso se extiende a pesar de la existencia de frecuentes desacuerdos entre guías de práctica clínica y a que la magnitud de los beneficios a nivel individual es pequeña, incluso en las personas con mayor riesgo (7). Tendríamos que preguntarnos qué parte de la población bien informada de su probabilidad de tener un suceso cardiovascular en los próximos diez años querría tomar un fármaco hipolipemiante a largo plazo. O cuántas mujeres estarían dispuestas a seguir un tratamiento con bisfosfonatos durante años para evitar un escaso riesgo individual de fractura si conocieran los números de las probabilidades en caso de tomar el fármaco o no tomarlo.

Hay algunas evidencias de que las personas bien informadas son más conservadoras que los médicos en el caso de los tratamientos preventivos basados en medicamentos (8-10). De generalizarse estas evidencias, tendremos que reconocer que desde la medicina sin participación del paciente se puede estar conduciendo a nuestras pacientes a una forma de vida que quizá no deseen. Como señala Thomson (11), quizá tengamos pacientes hipertensos mejor informados, más satisfechos y menos ansiosos, pero colectivamente más expuestos a tener un accidente vásculo-cerebral o un infarto agudo de miocardio. La aceptación de ésto significa un tremendo cambio de mentalidad, incluso un replanteamiento de los objetivos de los servicios sanitarios. Recordemos aquí la evidencia existente acumulada sobre inequívocos beneficios cardiovasculares y en cuanto a eventos coronarios incluso, asociados a la terapia hormonal administrada en el periodo de la transición menopáusica, a las dosis adecuadas y siempre contando con la debida indicación médica (1) (12)

 

Por el contrario, justo es reconocerlo, existen múltiples ejemplos de nuevos tratamientos y tecnologías con resultados mínimos en términos de salud, introducidos y extendidos en el sistema sanitario en un momento en que la evaluación era incompleta o de baja calidad; para al cabo de unos años tener que reconocer que se hizo de forma prematura y que sus beneficios son menores que sus riesgos. Un ejemplo reciente con importante impacto en los medios de comunicación es el de la generalización de la terapia hormonal sustitutiva, impulsada por sus productores, apoyada por colectivos femeninos (13), y cuya efectividad ha quedado, cuanto menos, en entredicho si su aplicación carece del mínimo rigor científico y las debidas indicaciones médicas (14). Por otro lado, al mismo tiempo que se habla de la “creación” de nuevas enfermedades a partir de experiencias vitales o procesos normales, también puede hablarse de situaciones en las que se infrautilizan tratamientos efectivos y por tanto se necesitaría mayor intervención sanitaria. Así, Ebrahim (15) advierte del riesgo de “desmedicalización” en la población mayor y de la necesidad de separar el proceso de envejecimiento de las enfermedades que se dan en personas mayores y que tienen tratamientos efectivos que deben ser utilizados. ¿Dónde está el equilibrio?

CALIDAD DE VIDA COMO CONCEPTO.

El concepto “calidad de vida” ha cambiado a lo largo de los últimos años. Así, en los años 40 del siglo pasado en la escala de Karnofsky utilizada para medir la capacidad funcional de los pacientes afectados de cáncer,  la percepción del propio paciente sobre su salud no tenía ningún protagonismo. Veinte años después se realizaba la medición a través de frases o expresiones utilizadas por los propios pacientes, al comparar los resultados de pacientes vs médicos, llegándose a la conclusión que éstos no podían medir adecuadamente la calidad de vida de los pacientes. Entre los años 1980 y 1990, en los cuestionarios de medidas genéricas multidireccionales, se observaron diferencias entre los pacientes afectados de un mismo trastorno y la dificultad de identificar los cambios clínicos influidos por las variables introducidas.

 

Durante la transición menopáusica sucede parecido. El concepto de calidad de vida, que es algo subjetivo del paciente, varía mucho dependiendo del contexto cultural de la mujer, por lo que es necesario conocerlo para así evitar que las expectativas de salud del médico no coincidan con las de su paciente. La calidad de vida es así un concepto subjetivo, modificado en función del contexto cultural en el que nos encontremos. Es un elemento de referencia del bienestar que la propia Organización Mundial de la Salud define como la “percepción del individuo de su situación en la vida, dentro del contexto cultural y de los valores en que vive y en relación con sus objetivos, expectativas e intereses” (OMS., 1998). Para valorarla en el climaterio se deben considerar los fenómenos que ocurren en el área física y en las áreas psicológica, sexual, social y familiar de la mujer. Debido a este desconocimiento, muchas veces los médicos podemos confundir lo que la mujer percibe como más importante de su salud y su calidad de vida, de forma que, con frecuencia, para ellas puede tener mayor importancia su relación de pareja o que su familia funcione bien que el simple hecho de solucionar un problema médico como un dolor en la rodilla o en la espalda.

 

Medición de la calidad de vida.

La evaluación de las consecuencias que la menopausia tiene sobre la mujer se ha hecho tradicionalmente a partir de escalas clínicas (pero no específicamente diseñadas para evaluar esta particular parcela de la vida de la mujer de forma integral), que pretenden proporcionar una cuantificación numérica que pueda ser usada para la evaluación de la eficacia de las intervenciones médicas. Entre las escalas clínicas, el clásico cuestionario de Kupperman (1950) y una versión posterior del mismo desarrollada por Neugarten y Kraines (1984) presentan medidas de sintomatología florida, no reflejan como se perciben los síntomas o responden a tratamiento.

 

Una escala para medir la calidad de vida, debe ser un cuestionario estandarizado que contemple todas las áreas que integran el concepto de calidad de vida y que pueda ser cumplimentado por la mujer. Existen en la literatura diferentes propuestas como: el Womens Health Questionnare (WHQ), la Escala de Greene, la Menopausal Synthoms List, Menopause Rating Scale (MRS), la Utian Menopause Quality of Life Scale (UMQLS), la Menopausic Specific Quality of Life  (MEQOL); una versión en lengua castellana del MEQOL, el Cuestionario MENCAV, el cuestionario de calidad de vida incluido en el PAIMC, entre otros.

 

Las escalas de evaluación de calidad de vida deben tener en cuenta según lo anotado tres tipos de factores: sociales, individuales y comunitarios. Un cuestionario de calidad de vida debe incluir los siguientes aspectos:

 

Evaluación de la capacidad funcional del individuo (actividad diaria, actividad laboral y recreativa, autonomía).

Evaluación de las funciones sociales (relación con amigos, familia y comunidad).

Evaluación de las funciones intelectuales (atención, memoria, toma de decisiones)

Evaluación del estado emocional (bienestar general, nivel de ansiedad, depresión, temores,…)

Evaluación de la situación económica.

 

La escala Cervantes® es un Instrumento de medida de la calidad de vida en la mujer menopáusica española. Están representadas todas las comunidades autónomas y para su validación participaron 3482 mujeres. Al inicio se propusieron 124 ítems, de los que al final, quedan tan solo 31 en un cuestionario auto-administrado de evaluación de los siguientes dominios: Menopausia y salud. Sexualidad. Dominio psíquico y Relaciones de pareja. De hecho, existían numerosos cuestionarios para medir la calidad de vida relacionada con la salud, pero muy pocos eran específicos para la menopausia. El objetivo de este estudio fue diseñar y validar una escala específica para la menopausia en la mujer española, la Escala Cervantes®, original en castellano y adaptada a nuestro medio (16). Fue presentada en febrero de 2003.

 

Para su realización se inició un estudio transversal que constaba de una fase piloto, construcción del cuestionario, validación y fiabilidad test-retest. Para la validación se utilizó una muestra final de 2.274 mujeres de la población española ponderada por grupos de edad y nivel de estudios. La consistencia interna se valoró mediante el coeficiente * de Cronbach. La escala definitiva consta de 31 ítems (distribuidos en las dimensiones menopausia y salud, con 15 ítems que incluían sintomatología vasomotora, salud y envejecimiento; sexualidad, con 4 ítems; relación de pareja, con 3 ítems, y dominio psíquico, con 9 ítems). El coeficiente * de Cronbach de la escala global fue de 0,9092 y el de las diferentes subescalas osciló entre 0,7989 y 0,8501. El coeficiente de correlación en la prueba test-retest fue de r = 0,847 (p < 0,001). Es corta, fácil de aplicar (unos 7 min), tiene una puntuación mínima de 0 y máxima de 155 (de mejor a peor calidad de vida) y dispone de baremos para comparar el resultado con mujeres más jóvenes o de la misma edad.  Así pues, la Escala Cervantes forma parte de una nueva generación de instrumentos de medida de la calidad de vida relacionada con la salud específica para la menopausia. Su ámbito de aplicación es la población femenina española de entre 45 y 64 años de edad.

 

Con los resultados en la mano, alrededor del 80% de las mujeres con menopausia experimentan un empeoramiento de su calidad de vida en todas sus facetas. Hasta que no se solucione este desconocimiento no podremos mejorar la calidad de vida de las mujeres españolas ni ofrecerles una atención sanitaria integral más allá del tratamiento de cualquier patología (1) (6). Alrededor del 85% de las mujeres con menopausia tienen síntomas achacables a esta situación en prácticamente todos los dominios de su calidad de vida. En esta etapa de la vida, casi todas las mujeres ven afectado su bienestar físico (con la aparición de sofocos y otra sintomatología neurovegetativa), se pueden encontrar mal psicológicamente (cuando los trastornos sufridos desembocan en tristeza e irritabilidad) y pueden ver deteriorarse sus relaciones de pareja, ya que la mujer con síntomas no tratada y que presenta atrofia y sequedad vaginal termina por rehuir las relaciones sexuales, lo que puede perjudicar la relación con su pareja. En general, si tenemos en cuenta otras escalas, un 75-80% de las mujeres menopáusicas presenta, según ellas mismas, un deterioro de su calidad de vida en general (13).

 

ACTITUD ANTE EL DETERIORO DE LA CALIDAD DE VIDA.

Si consideramos a la menopausia-climaterio como una no-enfermedad, ésto es, un proceso o problema humano definido desde alguna instancia como una “condición médica para el que se obtendrían mejores resultados si no fuera considerado y tratado así“, cómo entender que con una escala validada para la población española encontramos que en un 75%, las mujeres manifiesten tener un deterioro de su calidad de vida. ¿Qué podemos hacer para mejorar su calidad de vida?, ¿indicamos algún tratamiento o no hacemos nada? Tal vez debamos hacer una evaluación de enfermedad y no-enfermedad en la menopausia-climaterio. La distancia entre la definición normativa de salud y su percepción aumenta con el desarrollo. Está documentado el contraste entre la definición de salud pretendidamente objetiva llevada a cabo por los profesionales y la salud subjetiva percibida por los individuos.

 

Cuanto mayor es la oferta de “salud”, mayor es el número de personas que responde tener problemas, necesidades, enfermedades. Al tiempo, en las zonas con servicios sanitarios menos desarrollados esta percepción es menor. Los datos aportados por Amartya Sen muestran que cuanto más gasta una sociedad en asistencia sanitaria, mayor es la probabilidad de que sus habitantes se consideren enfermos (17). No entraremos en este punto en las consideraciones economicistas de los ticket moderadores, por no ser objeto de esta reflexión, aunque cada vez más el debate se va abriendo camino en nuestra sociedad del bienestar.

 

Cada día más, la definición de enfermedad va ligada a las disponibilidades tecnológicas. La tecnología constituye el conocimiento médico de diferentes maneras. Por un lado establece los signos, marcadores y resultados que definen las entidades nosológicas. También influye poderosamente sobre los modelos explicativos de la enfermedad, así como en el modo en que se organizan el conocimiento médico, su taxonomía. En conjunto, el incremento de capacidades tecnológicas aumenta la sensibilidad de la identificación de patologías y reduce el umbral a partir del cual tratarlas, aumentando así la incidencia de las enfermedades (18). No sólo la tecnología condiciona que podemos entender como enfermedad, también la epidemiología influye al determinar factores de riesgo.

 

En un interesante libro, Jörg Blech ironiza sobe este fenómeno y pone de relieve que ya se han descrito 300 efectos y hábitos como factores de riesgo sólo para cardiopatías coronarias. En lo que respeta al análisis del riesgo cardiovascular por sexos, resulta paradójico que para considerar a una mujer como de bajo riesgo de ataque cardíaco tendría que tener las siguientes características: “una enana en bicicleta, en paro, con falta de peso y premenopáusica, con poca cantidad de lipoproteínas beta y grasas en sangre, que vive desde 1925 hacinada en una habitación de la isla de Creta y se alimenta de cereales sin cáscara, aceite de cardo y agua” (19). Toda mujer que no se ajuste a este perfil, esta en riesgo de sufrir un ataque cardiaco y por lo tanto es subsidiaria de tratamiento preventivo, con lo que convertimos a pacientes sanas en “enfermas de riesgo” debido a las llamadas “asociaciones débiles” entre factores de riesgo y enfermedad. Estamos en la era de la epidemiología, ciertamente.

 

No obstante lo anterior, no debemos despreciar en todos los casos la relación entre factores de riesgo y enfermedad, pero sí debemos aplicar sentido común y bastante rigor en nuestra toma de decisiones, o llegará un momento que no haya enfermos reales en las consultas, sino “pacientes” que acudan a controlar alguno de los miles de factores de riesgo descritos para cualquier enfermedad.

 

ALTERACIONES DEL HUMOR Y CALIDAD DE VIDA EN EL CLIMATERIO.

 

Se hace preciso plantear el manejo y seguimiento de la mujer climatérica con un abordaje holístico, desde una perspectiva bio-psico-social como cualquier otra actividad de nuestra práctica habitual en ginecología (1) (2). La importancia que tienen los estrógenos como reguladores y moduladores de múltiples órganos y funciones hace que la instauración, unas veces progresiva y otras bruscas del hipoestrogenismo, de lugar en muchas ocasiones a múltiples manifestaciones clínicas, condicionantes frecuentemente de alteraciones severas de la calidad de vida percibida por la propia paciente (16), en relación con trastornos emocionales, del bienestar y de la actividad serotoninérgica  a nivel intracerebral. La sintomatología psicológica, la alteración del humor, la disminución de la libido, la inestabilidad emocional… devienen así en unos de los principales ítems de la consulta diaria en menopausia y climaterio.

 

A pesar de todo, no contamos aún hoy con datos de prevalencia poblacional sobre la frecuencia de los síntomas climatéricos. La información procede de las mujeres que acuden a las consultas de menopausia o bien de estudios observacionales, en los que los autores coinciden en detectar un sesgo de selección importante que no permite extrapolar los resultados de los mismos a la población general de mujeres. Precisamente acuden a las consultas o bien las pacientes más sintomáticas o aquellas mujeres más preocupadas por sus riesgos y su estado general de salud. Sea como fuere, como decimos, estas manifestaciones clínicas, subjetivas, se traducen en ocasiones en un deterioro en la calidad de vida de la mujer que parece paralelo a la magnitud de los síntomas. Para valorar la calidad de vida en el climaterio se deben considerar los fenómenos que ocurren en el área física y en las áreas psicológica, sexual, social y familiar de la mujer (16).

 

Una parte del estudio Heart and Estrogen/progestin Replacement Study (HERS) evaluó la variable calidad de vida en la mujer climatérica en relación a la actividad física, índice energía / fatiga y estado de salud mental durante 36 meses y los síntomas depresivos a los 3 años de iniciado la terapia hormonal (TH). Solamente las mujeres con sofocos y demás sintomatología neurovegetativa al ser reclutadas, mejoraban los parámetros de estado de salud mental y los síntomas depresivos cuando recibían TH; ello es lógico, pues esa medicación se usaba en ese grupo con indicación médica (precisamente esa sintomatología neurovegetativa). Lo contrario, el empleo de medicación cuando no estaba indicada no llevaba a la mejoría de los parámetros de la calidad de vida (20).Sin embargo lo anterior, los síntomas mejoran espontáneamente, viéndose que revierten en un 50.8% de las mujeres tratadas con placebo. Son pocos los instrumentos de medición de la calidad de vida que cumplan todos los criterios de calidad de vida y que estén diseñados para la evaluación clínica y poblacional de los cambios que supone la menopausia en la calidad de vida de las mujeres (1) (16).

 

La calidad de vida durante el climaterio se ve seriamente afectada y reducida cuando se presentan trastornos de la emoción y problemas psicológicos relacionados con el bienestar; de hecho, otro de los ítems más generalizados en el abordaje de los problemas del climaterio es de los trastornos del humor o del bienestar si se prefiere más modernamente. Las mujeres con sintomatología climatérica experimentan una clara merma de su hábito emocional, de su bienestar de base, acrecentado aún más en aquéllas que sufrieron una menopausia quirúrgica (21). El problema era conocido desde antiguo y se había relacionado la menopausia quirúrgica con las alteraciones del bienestar, del humor en suma, en muy diferentes trabajos (22). Trastornos como la depresión parecen estar incrementados durante el tiempo de estos cambios hormonales en la vida de la mujer, posiblemente como resultado de la actuación de los bajos niveles de estrógenos sobre la actividad serotoninérgica y de su impacto en otros neurotransmisores cerebrales (21). Por abundarlo más, se ha llegado a describir una asociación específica entre el  sexo femenino y estos específicos desórdenes psicológicos, precisamente en estos grupos etarios relacionados con la menopausia. Cada vez se encuentran más evidencias sobre los potenciales beneficios de los tratamientos con estrógenos con adición de andrógenos a bajas dosis (22)  sobre la libido, el humor, correlacionándolos con los descensos de ansiedad, de hostilidad en el trato habitual de estas pacientes así como de sentimientos positivos cuando  se comparan con los tratamientos de estrógenos solos sin adición de andrógenos  (21).

 

Se hace necesario finalmente realizar abordajes integrales de nuestras pacientes que contemplen el todo general de su situación durante la transición menopáusica, en orden a evaluar de la forma más completa posible todos los aspectos que pueden causar interferencia de su calidad de vida y ello, a veces, no consiste exclusivamente en atender su sintomatología vasomotora. En una reciente revisión sobre el tema (2), proponíamos un compendio de cuidados de salud para este periodo que se expresan modificados en la tabla 1. En ella se hace referencia de modo integral a los cuidados tradicionalmente prestados por el ginecólogo, como son el despistaje de los cánceres de mama y de cérvix, como paradigmáticos, pero también a aspectos como la nutrición, el cuidado de la masa ósea, la atención a la salud sexual, y a cualquier otro factor de interferencia sobre la calidad de vida mermada durante la transición menopáusica (23). Solo de esta manera podremos hacer abordajes integrales de salud de nuestras pacientes en un momento de sus vidas en los que la evidencia demuestra una merma de la calidad de vida que puede ser estudiada y tratada con acierto.

 

COMENTARIOS FINALES A MODO DE CONCLUSIONES.

 

La menopausia no debe ser considerada como una endocrinopatía, como una enfermedad en sí misma, sino como un periodo de la vida del 95% de las mujeres que requiere una atención especializada e integral. Por lo tanto, en sí misma, no precisa de entrada tratamiento alguno.

La instauración de la menopausia-climaterio tiene un carácter progresivo, afecta a todas las mujeres sanas, no asociándose con la génesis directa de ninguna patología. No debemos confundir, en general, asociación con causalidad.

Por el contrario, considerar como acontecimientos normales de la vida en este periodo la sintomatología neurovegetativa o las alteraciones emocionales cuando condicionan una merma en la calidad de vida de la paciente, puede resultar banalizador en exceso y precisa estudio y tratamiento adecuado e individualizado.

Debemos considerar así la realización en todas las pacientes de una escala validada, como la Escala Cervantes, para determinar cuándo es necesario iniciar un tratamiento orientado a la faceta deteriorada de su calidad de vida.

La prudencia (la phronesis de nuestros clásicos aristotélicos) y la cautela deben presidir nuestras acciones para no caer en errores anteriores, como la introducción de nuevos tratamientos y tecnologías con resultados mínimos en términos de salud, introducidos y extendidos en el sistema sanitario en un momento en que la evaluación todavía era incompleta o de baja calidad. Todavía estamos pagando las consecuencias de aquellas actitudes en forma de abandonos de terapias con consecuencias aún no bien definidas (23).

Cuando la clínica dominante sean las alteraciones emocionales del humor, del bienestar y ello altere la calidad de vida de nuestras pacientes, la terapia hormonal con estrógenos solos o en adición de andrógenos debiera ser considerada, mucho más aún cuando la menopausia haya sido quirúrgicamente inducida.

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Tabla 1: Recomendaciones generales de salud en el abordaje de la mujer durante el climaterio (modif. de (2)).

 

Información general sobre los beneficios del ejercicio físico y de la dieta mediterránea para la salud.

Revisiones periódicas en orden a realizar prevención primaria de cáncer de cérvix así como diagnóstico precoz de cáncer de mama.

Estimular la práctica deportiva aeróbica y de reducción del peso.

Estimular el abandono de hábitos tóxicos como el tabaquismo, el exceso de alcohol o café.

Hacer evaluaciones periódicas de la masa ósea en relación con la historia familiar y personal.

Utilización de la terapia hormonal del climaterio por la vía más cómoda, a baja dosis y durante el menor tiempo posible que sea preciso para suprimir la sintomatología.

Considerar el uso de la fitoterapia y de las medicinas alternativas en el alivio para los síntomas vasomotores leves o moderados.

Establecer y ofertar cuestionarios de evaluación de la calidad de vida en general, que incluyan ítems sobre la salud sexual.

Personalizar la toma de decisiones terapéuticas en este periodo, considerando la adición de andrógenos al tratamiento hormonal, cuando existan alteraciones emocionales y de la libido.

José Luis Neyro

Miguel Ángel Elorriaga.

 Servicio de Ginecología y Obstetricia.

Facultad de Medicina y Odontología.

Universidad del País Vasco. EHU-UPV

Hospital de Cruces. Baracaldo. Spain

PUBLICADO  EN “REVISTA IBEROAMERICANA DE CONTRACEPCIÓN Y MENOPAUSIA”.

Rev Iberoam Contracep y Menop 2008; 10(3): 8-14

RESUMEN.

 

20 pensamientos en “REPERCUSIÓN DE LA MENOPAUSIA EN LA CALIDAD DE VIDA”

  1. No se sí le ha llegado mi respuesta previa pero lo intento con fuerza a expensas de ser pesado por la repetición…..

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